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Cuando el proyecto de ser madre o padre no llega: un duelo que también necesita ser reconocido

2 jul 2026 · 11:46👁 100 visitas
Cuando el proyecto de ser madre o padre no llega: un duelo que también necesita ser reconocido

Cuando el proyecto de ser madre o padre no llega: un duelo que también necesita ser reconocido


Tiempo de lectura aproximado: 6 minutos


Hay duelos que se ven, que se acompañan, que reciben palabras, rituales y presencia. Y hay otros que quedan en silencio, casi escondidos, porque socialmente todavía no sabemos muy bien cómo mirarlos. El duelo por la no maternidad o la no paternidad por circunstancias pertenece, muchas veces, a este segundo grupo.

En el marco del Congreso Internacional sobre Duelo organizado por AEPSIS, Miriam ofreció una ponencia profundamente necesaria bajo el título “Nombrar lo que no se nombra: el duelo por la no maternidad/paternidad”. Su intervención puso voz a una experiencia que atraviesan muchas personas, pero que con frecuencia queda minimizada, invalidada o reducida a frases como “puedes adoptar”, “ahora disfruta” o “quizá no tenía que ser”.

Sin embargo, cuando una persona deseaba ser madre o padre y ese proyecto vital no ha podido concretarse, puede aparecer un proceso de duelo real. No porque falte amor, capacidad o sentido en la vida, sino porque hay una pérdida que necesita ser reconocida.

¿Quién es Miriam?

Miriam Aguilar es referente y divulgadora en torno a la no maternidad y no paternidad por circunstancias, así como al duelo asociado a esta experiencia. Está formada en terapia Gestalt y duelo, y acompaña a mujeres a través de círculos, talleres y retiros, generando espacios de contención, reflexión y acompañamiento emocional.

Además, cuenta con una comunidad de más de 17.000 mujeres en Instagram, imparte charlas y formaciones, y es autora del libro Y ahora qué. Una reflexión sobre la no maternidad por circunstancias, publicado en 2024.

Durante su ponencia, Miriam explicó que hablar de este duelo exige, antes que nada, comprender qué significa la no maternidad o no paternidad por circunstancias: una maternidad o paternidad que fue deseada, intentada o no, pero que por diferentes causas no pudo concretarse.

Un duelo que necesita ser reconocido como duelo

Uno de los puntos centrales de la charla fue la necesidad de mirar esta experiencia como lo que es: un duelo. Miriam explicó que, para muchas personas, tener hijos o hijas forma parte de su proyecto vital. Cuando ese proyecto no puede llevarse a cabo, no basta con “pasar página” o “buscar el lado positivo”. Es necesario elaborar emocionalmente esa pérdida.

Para explicarlo, utilizó una imagen muy clara: la de una herida. Al principio, cuando una persona toma conciencia de que no podrá ser madre o padre, esa herida está abierta. Duele, supura, y cualquier comentario externo puede sentirse como sal. Con el tiempo, si se permite transitar el duelo, esa herida puede cicatrizar.

La cicatriz, decía Miriam, puede quedar para siempre, pero ya no duele como cuando estaba abierta. Puede hacerse presente en determinados momentos, como ante un embarazo cercano, una reunión familiar o una conversación social, pero no necesariamente tiene que impedir continuar con la vida.

Esta forma de explicarlo ayuda a desmontar una creencia muy extendida: que no poder ser madre o padre “dolerá igual para siempre”. Para Miriam, parte de ese dolor se mantiene precisamente porque no se reconoce la experiencia como duelo y, por tanto, no se le da espacio para elaborarse.

Una pérdida ambigua, sin rituales y con mucho peso social

El duelo por la no maternidad o no paternidad tiene características particulares. Miriam lo describió como un duelo ambiguo, porque no siempre hay una pérdida tangible ni un cierre concreto. No hay un funeral, no hay un ritual socialmente compartido, no hay un momento claro en el que el entorno diga: “esto que te ha pasado importa”.

A veces, el cierre puede llegar cuando una persona o una pareja decide dejar de intentarlo. Pero en otros casos el duelo aparece de forma más difusa: por edad, por circunstancias económicas, por no haber encontrado una pareja con quien compartir ese proyecto, por enfermedad, por infertilidad o por haber priorizado otros caminos vitales pensando que más adelante sería posible.

Miriam agrupó algunas de estas causas en tres grandes áreas: biológicas o médicas, socioeconómicas y personales o relacionales. Entre ellas mencionó la infertilidad, determinadas enfermedades, la llamada infertilidad social, las dificultades económicas, la inestabilidad laboral, las rupturas de pareja o el hecho de haber priorizado otros proyectos de vida.

Uno de los aspectos más importantes de su ponencia fue señalar que, si solo reconocemos este duelo cuando existe una causa médica o biológica, dejamos fuera a muchas personas. El mensaje implícito puede ser muy doloroso: “tu duelo no es tan importante” o “no tienes tanto derecho a sentirte así”.

Frases que invalidan: cuando el entorno intenta ayudar, pero hiere

Miriam explicó que este duelo suele estar muy atravesado por la falta de reconocimiento social. Muchas veces, cuando alguien expresa que no ha podido ser madre o padre, recibe frases que intentan consolar, pero terminan invalidando.

Comentarios como “ahora aprovecha para viajar”, “puedes adoptar”, “si ha sido así será por algo” o “quizá no tenías que ser madre/padre” pueden cerrar la conversación justo cuando la persona necesita ser escuchada.

La ponente lo resumió con mucha claridad: “La no maternidad y la no paternidad por circunstancias no necesitan soluciones, necesitan validación”.

Esta idea es especialmente importante porque, cuando alguien llega al punto de decir “no he podido ser madre” o “no he podido ser padre”, probablemente ya ha pensado, valorado o atravesado muchas posibilidades. Responder con consejos rápidos puede hacer que la persona sienta que su dolor no está siendo escuchado.

Acompañar, en este caso, puede ser mucho más sencillo y mucho más humano: preguntar “¿qué necesitas?”, “¿cómo puedo acompañarte?”, ofrecer presencia, validar el dolor y permitir que la persona hable sin tener que justificarlo todo.

No maternidad, no paternidad e identidad

Otro tema especialmente potente de la ponencia fue el peso de los mandatos sociales. Miriam señaló que la maternidad sigue ocupando un lugar muy fuerte en la construcción social de la feminidad. Aunque hoy muchas mujeres pueden decidir si quieren ser madres o no, esa decisión sigue estando rodeada de juicios. Y todavía cuesta más comprender que haya mujeres que sí querían ser madres, pero no han podido serlo.

Por eso, el duelo por la no maternidad puede convertirse también en un duelo identitario. No solo se llora el hijo o hija que no llegará, sino también una versión de una misma que se había imaginado durante años.

En el caso de los hombres, Miriam recordó que el duelo por la no paternidad también existe, aunque muchas veces queda aún más silenciado. En parejas heterosexuales, explicó, el hombre suele ocupar socialmente el lugar de quien acompaña o sostiene, pero eso no significa que no sienta también la pérdida de ese proyecto vital.

No se trata de comparar dolores ni de decidir quién sufre más. Se trata de entender que la experiencia puede atravesarse de forma diferente según el género, los mandatos recibidos, el entorno y la posibilidad de expresar emocionalmente lo vivido.

Acompañar sin forzar, sin proyectar y sin minimizar

En la parte final de la ponencia, Miriam abordó cómo acompañar este duelo desde una mirada social y profesional. Desde lo social, insistió en la escucha activa, la presencia y la validación. Desde lo profesional, señaló la importancia de conocer este tipo de duelo, no proyectar experiencias propias y no forzar tiempos.

“El duelo dura lo que dura”, recordó. Algunas personas necesitarán más tiempo y otras menos. Además, este duelo puede reactivarse con estímulos externos: una noticia de embarazo, una comida familiar, una conversación sobre hijos, un cumpleaños infantil o una sensación de no encajar en espacios donde antes sí se sentía pertenencia.

Por eso, acompañar este proceso implica reconocer que se ha perdido un proyecto de vida, pero también recordar que una vida sin hijos o hijas no es una vida incompleta.

Miriam cerró con una frase profundamente significativa: “La ausencia de hijos no implica ausencia de amor. La ausencia de hijos o hijas no implica ausencia de legado. La ausencia de hijos o hijas no implica ausencia de vínculos con sentido”.

Conclusión: poner nombre también es cuidar

La ponencia de Miriam nos recuerda algo esencial: aquello que no se nombra también duele. Y, a veces, precisamente porque no se nombra, duele más en soledad.

Reconocer el duelo por la no maternidad y la no paternidad por circunstancias no significa reducir la vida de una persona a tener o no tener hijos. Al contrario: significa validar una pérdida, permitir que sea elaborada y abrir espacio a nuevas formas de sentido, vínculo, legado y amor.

Desde AEPSIS, seguimos apostando por espacios de formación y divulgación que permitan visibilizar duelos poco reconocidos, ampliar la mirada profesional y acercar a la sociedad una comprensión más humana del sufrimiento emocional.

Si esta experiencia genera un dolor intenso, persistente o difícil de compartir con el entorno, puede ser de ayuda buscar acompañamiento profesional especializado. Pedir apoyo no significa quedarse atrapado en el duelo; muchas veces es el primer paso para poder transitarlo con más cuidado, respeto y compañía.

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