El duelo que casi nadie nombra: cuando la maternidad o la paternidad no llegan
El duelo que casi nadie nombra: cuando la maternidad o la paternidad no llegan
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Hay duelos que la sociedad reconoce con facilidad. Cuando alguien pierde a un ser querido, entendemos que hay dolor, ausencia, cambios profundos y un proceso que necesita tiempo. Sin embargo, existen otros duelos que no siempre encuentran espacio, palabras ni comprensión.
Uno de ellos es el duelo por la maternidad o la paternidad no vivida: el dolor que puede aparecer cuando una persona deseaba tener hijos, pero ese proyecto no llega a hacerse realidad por distintas circunstancias.
Sobre este tema conversó AEPSIS con Miriam Aguilar, especialista en acompañamiento a mujeres sin hijos por circunstancias y en duelo por la no maternidad, además de autora del libro Y ahora qué. Una reflexión sobre la no maternidad por circunstancias. La entrevista forma parte de los contenidos previos al Congreso Internacional sobre Duelo de AEPSIS, que se celebrará online los días 11 y 12 de junio.
Cuando el deseo de ser madre o padre no se concreta
Hablar de no maternidad o no paternidad por circunstancias no significa hablar de una única realidad. Como explica Miriam Aguilar durante la entrevista, se refiere a aquellas maternidades o paternidades que fueron deseadas, pero que no pudieron concretarse.
A veces se piensa únicamente en la infertilidad, pero esta no es la única causa. Pueden intervenir circunstancias médicas, personales, económicas, sociales, relacionales o vitales. También puede ocurrir que el tiempo pase, que una relación no llegue, que una pareja no comparta el mismo proyecto, que una enfermedad cambie los planes o que la vida tome un rumbo muy distinto al imaginado.
Por eso es tan importante ampliar la mirada. Si reducimos este duelo solo a lo biológico, dejamos fuera muchas historias. Y cuando una experiencia no se nombra, muchas personas pueden sentir que su dolor no tiene legitimidad.
Un duelo que muchas veces se vive en silencio
Una de las ideas más importantes de la entrevista es que este dolor suele vivirse con mucha soledad. No siempre hay rituales, reconocimiento social o frases de apoyo. A veces, incluso, la persona puede recibir comentarios que aumentan el malestar.
Frases como “al menos puedes viajar”, “así tienes más libertad”, “todavía estás a tiempo” o “quizá era lo mejor” pueden parecer inofensivas, pero para quien está atravesando este proceso pueden resultar profundamente dolorosas.
El problema no siempre es la mala intención. Muchas veces es falta de conciencia. Socialmente seguimos asociando la vida adulta, especialmente en el caso de las mujeres, con la maternidad. Todavía existe la idea de que tener hijos es un paso natural, esperado o casi obligatorio. Y cuando alguien se queda fuera de ese camino, no siempre encuentra un lugar desde el que explicar lo que siente.
Este duelo no habla solo de no tener un hijo o una hija. También puede implicar la pérdida de un proyecto de vida, de una identidad imaginada, de una forma de futuro y de un rol que la persona pensaba que iba a ocupar.
Nombrar el duelo para poder acompañarlo
Durante la conversación, Miriam Aguilar comparte una anécdota muy sencilla y, al mismo tiempo, muy reveladora. Al recoger unas flores para un retiro de mujeres en duelo por la no maternidad, una persona le preguntó si aquello debía ser “como un duelo”. Su respuesta fue clara: no es “como” un duelo, es un duelo. Nombrarlo cambia algo.
Cuando una experiencia recibe un nombre, se vuelve más comprensible. No desaparece el dolor, pero puede aparecer una forma distinta de mirarlo. La persona puede dejar de sentirse exagerada, rara o incomprendida. También el entorno puede empezar a acompañar mejor.
Reconocer este duelo no significa dramatizarlo ni afirmar que todas las personas que no tienen hijos lo viven de la misma manera. Cada historia es única. Pero sí implica aceptar que, para muchas personas, no poder ser madre o padre cuando existía ese deseo puede generar un dolor real y profundo.
Una mirada más humana hacia quienes lo atraviesan
La entrevista también invita a revisar cómo acompañamos desde lo cotidiano. A veces, ayudar no consiste en tener la frase perfecta, sino en escuchar sin juzgar, no minimizar el dolor y no imponer soluciones.
Preguntar con cuidado, respetar los silencios, no insistir en temas que pueden doler y evitar comentarios automáticos puede marcar una gran diferencia. También es importante entender que no todas las personas querrán hablar públicamente de esta experiencia. Compartirlo supone una exposición emocional grande, y cada persona tiene derecho a decidir cómo, cuándo y con quién hacerlo.
Lo fundamental es que este duelo deje de vivirse como algo invisible. Que pueda hablarse de él en espacios personales, sociales y profesionales con respeto, delicadeza y rigor.
Del silencio al reconocimiento
La maternidad y la paternidad no vivida nos recuerdan que no todos los duelos tienen una pérdida visible para los demás. A veces se llora una vida imaginada, una posibilidad, un proyecto que no llegó, una parte de la identidad que tuvo que transformarse.
Por eso, abrir conversaciones como esta es necesario. No para dar respuestas simples, sino para crear espacios donde más personas puedan sentirse comprendidas.
Desde AEPSIS seguimos apostando por una divulgación psicológica cercana, rigurosa y humana, que permita hablar también de aquello que durante mucho tiempo ha permanecido en silencio.
La entrevista completa con Miriam Aguilar ya está disponible en nuestro canal de YouTube. Te invitamos a verla para profundizar en este tema y acercarte, con una mirada más sensible, al duelo por la maternidad y la paternidad no vivida.
Basado en la entrevista facilitada sobre Miriam Aguilar y el duelo por la maternidad y paternidad no vivida.

