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Alejandra Rossi explica cómo detectar, contener y acompañar una crisis suicida

7 oct 2026 · 14:30👁 17 visitas
Alejandra Rossi explica cómo detectar, contener y acompañar una crisis suicida


Alejandra Rossi explica cómo detectar, contener y acompañar una crisis suicida


¿Cómo se puede reconocer una crisis suicida? ¿Qué debe hacer un profesional durante el momento más crítico? ¿Cómo garantizar que la persona reciba atención después de abandonar la consulta o el servicio de urgencias?

La psicóloga argentina Alejandra Noemí Rossi abordó estas cuestiones durante su intervención en el Congreso Internacional de Intervención en Crisis, Conducta Suicida y Autolesiones de AEPSIS. Su ponencia, titulada «Detectar, contener y acompañar: claves para intervenir ante una crisis suicida», presentó un modelo centrado en comprender la historia de la persona, elaborar un plan de seguridad y asegurar la continuidad de los cuidados.

Rossi es licenciada por la Universidad Nacional de Córdoba, docente e investigadora especializada en psicoterapia, entrevista psicológica, intervención en crisis y prevención del suicidio. También fue fundadora del Programa Provincial de Prevención del Suicidio de Córdoba.

Detectar exige mirar más allá de una lista

Uno de los principales mensajes de la charla fue que la detección del riesgo suicida no puede limitarse a administrar una escala o completar una lista de verificación. Estas herramientas pueden aportar información, pero ofrecen una imagen parcial si se utilizan sin una entrevista clínica y sin conocer las circunstancias de la persona.

Rossi diferenció tres conceptos relevantes: los factores de riesgo, las señales de alerta y la formulación clínica. Los factores de riesgo ayudan a conocer situaciones asociadas con una mayor vulnerabilidad, aunque no permiten predecir por sí solos qué hará una persona concreta. Además, algunos permanecen estables y otros pueden cambiar con el tiempo.

Las señales de alerta se relacionan con modificaciones recientes o comportamientos que llaman la atención en una persona determinada. Entre los ejemplos mencionados durante la ponencia se encuentran la agitación, el aumento del consumo de alcohol u otras sustancias, los cambios importantes en el sueño o la alimentación, las despedidas y la entrega de objetos valiosos.

La formulación clínica integra estos elementos dentro de la trayectoria vital. Permite explorar qué ha sucedido, qué dolor se ha vuelto difícil de soportar, qué vínculos se han deteriorado y qué apoyos continúan disponibles. La evaluación debe considerar a la persona, su contexto y el momento concreto, ya que el riesgo puede modificarse en pocas horas o días.

Preguntar directamente permite comprender la situación

En la intervención ante una crisis suicida todavía existe el temor de que preguntar directamente pueda introducir la idea o aumentar el riesgo. Rossi recordó que hablar de forma clara sobre el suicidio no provoca ese efecto.

Preguntar con serenidad permite conocer si existen pensamientos suicidas, cuál es su intensidad, si se ha considerado una forma de llevarlos a cabo y si hay acceso inmediato a medios potencialmente letales. También ayuda a comprender qué experiencia o acontecimiento ha convertido el sufrimiento en algo aparentemente insoportable.

La respuesta profesional debe evitar la moralización, la minimización y las promesas forzadas. Frases como «piensa en tus hijos», «tienes toda la vida por delante» o «prométeme que no lo harás» pueden dificultar que la persona continúe hablando con sinceridad.

Rossi propuso agradecer que haya compartido lo que está viviendo, escuchar sin juzgar y transmitir que su relato puede ser sostenido. Durante una crisis, la primera tarea no consiste en resolver de inmediato una separación, una deuda, un duelo u otro problema complejo. El objetivo inicial es ayudar a la persona a atravesar las próximas horas con seguridad.

El plan de seguridad se construye en colaboración

Una vez establecida la alianza terapéutica, Rossi destacó la utilidad del plan de seguridad. Se trata de un documento elaborado conjuntamente entre el profesional y la persona en riesgo para establecer qué debe hacer si la crisis vuelve a intensificarse.

Este recurso sustituye a los antiguos contratos de no suicidio, que depositaban buena parte de la responsabilidad en la promesa del paciente. El plan de seguridad propone acciones concretas y ordenadas.

En primer lugar, se identifican las señales personales que indican el inicio de una crisis. Después se recogen estrategias que la persona puede utilizar para reducir la intensidad del malestar antes de que continúe aumentando.

El plan también debe incluir lugares y personas que puedan proporcionar compañía, contactos de confianza conocedores de la situación y recursos sanitarios a los que acudir. Otro componente fundamental consiste en reducir el acceso a medios que puedan utilizarse para causar daño.

Rossi señaló que el documento puede incorporar las razones para vivir identificadas por la propia persona. Estas razones deben ser personales y significativas, en lugar de argumentos impuestos desde fuera.

Para comprobar si el plan está completo, el profesional puede plantear una situación concreta: si la desesperación vuelve a aparecer esa noche, ¿cuál será la primera acción? Cuando la persona no sabe qué responder, el plan necesita seguir trabajándose.

Derivar no significa garantizar la atención

La ponente prestó especial atención a uno de los momentos más delicados: la transición entre diferentes recursos asistenciales. Una persona puede recibir el alta en urgencias y continuar atravesando una crisis. También puede ser derivada a psiquiatría, pero no llegar a la consulta por problemas económicos, dificultades de desplazamiento, listas de espera o falta de apoyo.

Por este motivo, Rossi diferenció entre realizar una derivación y garantizar el acceso a otra instancia de cuidado. La continuidad asistencial exige saber quién recibirá a la persona, cuándo será atendida, cómo llegará hasta el recurso y qué sucederá durante la espera.

También es importante concretar quién la acompañará al regresar a casa, si tiene una cita próxima y qué profesional contactará con ella si no acude. Los contactos breves después de una crisis pueden transmitir que su bienestar continúa siendo importante y evitar que quede sola entre dos servicios.

La intervención debe mirar hacia delante. Haber evaluado, estabilizado y prescrito un tratamiento constituye una parte del trabajo, pero la seguridad real depende también de lo que suceda al abandonar el centro sanitario.

La familia y los terapeutas también necesitan apoyo

La red familiar puede desempeñar una función importante, aunque no siempre dispone de recursos suficientes. Rossi recordó que muchas familias llegan cansadas, asustadas, enfadadas o culpabilizadas después de sostener durante mucho tiempo una situación compleja.

Pedirles que vigilen, administren medicación y asuman la responsabilidad de impedir una conducta suicida puede aumentar su agotamiento. Por ello, la intervención debe incorporar orientación y apoyo para quienes cuidan, sin trasladarles toda la responsabilidad.

El mismo principio se aplica a los profesionales. Escuchar repetidamente experiencias de sufrimiento intenso puede producir desgaste, habituación o dificultades para mantener la capacidad de pensar con claridad. La formación, la supervisión, el trabajo en equipo y el autocuidado forman parte de una atención segura.

Rossi defendió una «doble vía» del cuidado: proteger a la persona que atraviesa la crisis y cuidar también a quienes la acompañan.

Construir condiciones para continuar viviendo

La ponencia organizó la intervención en seis acciones relacionadas: detectar, formular, contener, proteger, conectar y acompañar. Detectar significa hacerle saber a la persona que su sufrimiento ha sido advertido. Formular permite comprender su historia y su situación actual. Contener implica escuchar y ayudarla a atravesar el momento más crítico.

Proteger y conectar requieren adoptar medidas concretas, activar la red de apoyo y facilitar el acceso a recursos sanitarios. Acompañar supone asegurar que la persona no afronte sola el siguiente tramo.

La aportación práctica de esta perspectiva reside en entender que la intervención continúa después de la primera consulta o del alta. El objetivo final va más allá de evitar una muerte en un momento determinado: busca construir condiciones para que la persona pueda continuar viviendo con apoyo, tratamiento y una red asistencial accesible.

Ante un riesgo inmediato en España debe llamarse al 112. La Línea 024 ofrece atención a personas con pensamientos o riesgo de conducta suicida, así como a familiares y allegados. Estos recursos no sustituyen la atención sanitaria presencial cuando existe una emergencia.

La charla de Alejandra Rossi cerró el Congreso Internacional de Intervención en Crisis, Conducta Suicida y Autolesiones de AEPSIS. Desde la asociación continuamos promoviendo una formación rigurosa que ayude a profesionales, familias y comunidades a responder ante estas situaciones con conocimientos, coordinación y sensibilidad.

Información de contacto
Tlf: (+34) 688 918 321
(horario de lunes a viernes 9 a 21 horas)
Email: info@aepsis.com
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