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Enrique Parada: «El profesional también puede convertirse en un afectado invisible»

7 oct 2026 · 13:59👁 9 visitas
Enrique Parada: «El profesional también puede convertirse en un afectado invisible»


Enrique Parada: «El profesional también puede convertirse en un afectado invisible»


Cuando una persona comunica que está pensando en quitarse la vida, toda la atención se dirige hacia su seguridad y su sufrimiento. Sin embargo, frente a ella hay un profesional que también puede sentir miedo, responsabilidad, inseguridad o bloqueo. Reconocer este impacto no implica desplazar al paciente del centro de la intervención, sino cuidar las condiciones necesarias para ofrecerle una ayuda adecuada.

Esta fue la propuesta de Enrique Parada en su ponencia «El afectado invisible. La regulación emocional del profesional en la intervención con conducta suicida», impartida durante la segunda jornada del Congreso Internacional de Intervención en Crisis, Conducta Suicida y Autolesiones de AEPSIS.

Parada es psicólogo general sanitario, profesor asociado de Intervención en Crisis en la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid y cuenta con más de tres décadas de experiencia en psicología de emergencias. A lo largo de su trayectoria ha trabajado con profesionales expuestos a situaciones de gran impacto emocional, como personal sanitario, bomberos, policías y equipos de rescate.

Tres conversaciones dentro de la consulta

Para explicar lo que sucede durante una sesión difícil, Enrique Parada distinguió tres conversaciones simultáneas. La primera es la conversación que se mantiene con el paciente. La segunda está formada por los pensamientos internos del profesional. La tercera corresponde a sus emociones y sensaciones físicas.

Mientras escucha a una persona con ideación suicida, el terapeuta puede estar pensando: «Tengo que impedir que suceda», «su vida está en mis manos», «no puedo equivocarme» o «tiene que hacerme caso». Al mismo tiempo, puede notar sequedad en la boca, tensión, miedo, enfado o una sensación de bloqueo.

Estas respuestas forman parte de la activación del sistema nervioso ante una situación percibida como amenazante. El problema aparece cuando la alarma ocupa toda la atención del profesional y reduce su capacidad para valorar el caso con claridad.

Según explicó Parada, el miedo puede conducir a conductas poco funcionales en direcciones opuestas. Un profesional desbordado puede evitar preguntar directamente por la ideación suicida y cambiar de tema. También puede responder desde una sobreprotección excesiva, llamar continuamente al paciente, activar recursos de urgencia sin una valoración suficientemente ajustada o vulnerar la confidencialidad antes de que el nivel de riesgo lo justifique.

Estas actuaciones no suelen proceder de una falta de interés, sino del impacto emocional y de la sensación de responsabilidad que experimenta quien interviene.

El profesional de ayuda también puede resultar afectado

El contacto con la conducta suicida puede dejar una huella considerable en psicólogos, psiquiatras, personal sanitario y profesionales de emergencias. Enrique Parada se refirió a diferentes investigaciones que han documentado síntomas de estrés en quienes han atendido a pacientes con riesgo suicida o han vivido la muerte de una persona a la que acompañaban profesionalmente.

El impacto puede ser mayor cuando existía una relación terapéutica estrecha, cuando el profesional ha presenciado directamente la muerte o ha tenido contacto con el cuerpo, cuando dispone de poca formación para evaluar el riesgo y cuando no encuentra apoyo psicológico dentro de su institución.

La falta de reconocimiento contribuye a convertirlo en un “afectado invisible”. En ocasiones, las organizaciones no contemplan que quien ayuda también puede necesitar apoyo. Otras veces, es el propio profesional quien resta importancia a su malestar porque considera que debería saber gestionarlo por su formación.

Parada señaló que la planificación, la aceptación y la capacidad de reinterpretar la situación se relacionan con una respuesta más saludable. Por el contrario, un afrontamiento basado principalmente en la evitación puede intensificar el impacto emocional.

ANCLA: una herramienta para recuperar la capacidad de elegir

Uno de los contenidos más prácticos de la conferencia fue la presentación de la herramienta ANCLA. Se trata de una secuencia breve destinada a ayudar al profesional a regularse durante la propia intervención, sin dejar de prestar atención a la persona que tiene delante.

El primer paso consiste en atender y reconocer lo que está sucediendo internamente. El profesional puede darse cuenta de que está sintiendo miedo, que ha aparecido un pensamiento de alarma o que está asumiendo toda la responsabilidad sobre la vida del paciente. Esta observación ocupa apenas unos segundos y se realiza mediante una atención doble: hacia la persona atendida y hacia la propia respuesta emocional.

El siguiente paso es nombrar la experiencia con precisión. Decirse «estoy asustado», «me estoy enfadando», «me he bloqueado» o «tengo un nudo en el estómago» aporta información y facilita una respuesta más consciente.

Después llega la conexión con el presente. Parada habló del grounding o enraizamiento: notar el cuerpo, la respiración, el asiento, la sala y la presencia del paciente. También puede hacerse prestando atención a su voz, su mirada y sus gestos. El objetivo es evitar que los pensamientos de alarma acaparen toda la atención.

La siguiente parte de la herramienta consiste en localizar el valor: recordar para qué está el profesional en esa situación y qué clase de ayuda quiere ofrecer. Finalmente, llega la acción. Una vez reconocida y regulada su respuesta interna, puede escoger qué conducta resulta más funcional en ese momento.

ANCLA no pretende eliminar el miedo ni impedir que el terapeuta se vea afectado. Su función es ayudarle a recuperar un margen de elección en medio de una situación exigente.

La sesión termina, pero la preocupación puede continuar

La regulación emocional también resulta necesaria después de la consulta. Un profesional puede regresar a casa y continuar repasando mentalmente lo sucedido, anticipando la siguiente sesión o preguntándose si tomó las decisiones correctas. Esa preocupación puede interferir en su descanso, su vida familiar y sus relaciones.

Parada propuso volver a conectar con las áreas importantes de la vida una vez concluida la intervención. Esto puede significar escuchar a un familiar, compartir tiempo con la pareja, descansar, practicar una actividad de ocio o atender las propias necesidades.

Distraerse puede ser útil, pero el ponente diferenció entre evitar cualquier contacto con el malestar y dirigir voluntariamente la atención hacia otras experiencias valiosas. El autocuidado no consiste únicamente en dejar de pensar en el caso, sino en recuperar la presencia en otros ámbitos de la vida.

Formación, supervisión y apoyo institucional

Durante el turno de preguntas, Enrique Parada subrayó la importancia de la formación y la supervisión profesional. Conocer cómo evaluar el riesgo suicida, registrar adecuadamente las actuaciones y tomar decisiones clínicas fundamentadas puede disminuir parte del estrés asociado a la intervención.

La regulación emocional no compensa una falta de conocimientos técnicos. Primero deben desarrollarse las competencias necesarias y, a partir de esa base, aprender a gestionar el impacto que supone aplicarlas en una situación real.

La supervisión permite revisar las decisiones adoptadas, detectar puntos ciegos y compartir la responsabilidad clínica dentro de un marco profesional. También es necesario que las instituciones establezcan recursos de apoyo para quienes afrontan de manera continuada situaciones de alto impacto.

Cuidar al profesional no significa pedirle que permanezca impasible. Implica reconocer que puede sentir miedo, tristeza, culpa o incertidumbre y ofrecerle recursos para que esas reacciones no dirijan su intervención ni invadan el resto de su vida.

Desde AEPSIS promovemos una formación en prevención e intervención ante la conducta suicida que contemple tanto las necesidades de las personas atendidas como la preparación y el cuidado de quienes las acompañan.


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