Emociones positivas: qué son y cómo gestionarlas adecuadamente

Casi todos nosotros podemos decir más de cinco emociones negativas: tristeza, pena, ira, enfado, depresión, asco, disgusto, miedo… Sin embargo, si os pidiera que me dijerais cinco emociones positivas la cosa cambia, ya que pocos de nosotros, de repente, puede evocar el nombre de muchas emociones positivas. Esto se produce incluso dentro de los profesionales de la psicología, ya que en la clasificación de las emociones primarias de Ekman tan solo hay una emoción positiva (alegría) por cuatro negativas (ira, miedo, asco y tristeza) y una neutra (sorpresa).

Histórica y biológicamente se le ha dado mayor importancia a las emociones negativas, y esto tiene sentido evolutivo, ya que las emociones negativas nos alertan de posibles peligros, nos preparan para la acción y nos ayudan a protegernos. Además, las emociones negativas incrementan la consciencia y nos ayudan a focalizarnos en los problemas para hallar rápidamente una solución. No obstante, sin desprestigiar el papel fundamental de las emociones positivas, estas sólo nos permiten sobrevivir, no crecer ni mejorar como individuos.

En nuestra sociedad actual no hay peligros comunes que atenten contra nuestra vida, por lo que el ser humano puede aspirar a florecer e intentar ser la mejor versión de sí mismo. Es en este marco donde surge el estudio de las emociones positivas y de sus funciones. Estas no sólo contribuyen a aumentar el bienestar y la felicidad, sino que también actúan como protector del estrés y la ansiedad, previenen de enfermedades y mejoran la salud en general. Además, las emociones positivas tienen efectos sobre la capacidad cerebral, ya que aumentan la función atencional y de memoria; favorecen la generación de alternativas creativas e innovadoras, aumentando el repertorio cognitivo-conductual del individuo. También tienen una función social, ya que actúan como facilitadores del establecimiento de relaciones sociales.

Por todas estas razones es importante que también aprendamos a gestionar adecuadamente nuestras emociones positivas. Hay ciertas emociones que han tenido más relevancia dentro de la intervención:

  1. La alegría. Es la más conocida de las emociones positivas y se experimenta cuando realizamos actividades que nos gustan. Esta emoción es la más fácil de evocar, ya que, simplemente, con recordar alguna situación donde nos sentimos felices incrementa nuestro bienestar y se produce un pico de alegría. Una técnica más concreta puede ser la visualización de momentos alegres mediante mindfulness o la técnica del saboreo.
  2. La curiosidad o interés por aprender. La curiosidad es una emoción que nos permite centrar nuestra atención en algo. Esta emoción incrementa la motivación de los individuos y les lleva a descubrir nuevos objetos, lugares… Un ejercicio para incrementar la curiosidad es buscar nuevos hobbies, leer artículos diversos, buscar nuevas experiencias… todo lo que nos permita aprender algo nuevo es válido
  3. El humor, es la capacidad de producir o experimentar risas o sonrisas. Es la más fácil de provocar, tan sólo tenemos que encontrar algo que nos resulte divertido: un chiste, un monólogo, un cómic… Además, el humor es una emoción contagiosa, por lo que rodearnos de gente con sentido del humor, también hace que mejore nuestro humor.
  4. El orgullo, es una emoción que nos embarga cuando logramos o conseguimos algo que nos ha supuesto un esfuerzo. Es la emoción más difícil de conseguir, ya que requieres de realizar un esfuerzo más o menos elevado y conseguir una meta. No obstante, podemos aprender a sentirnos orgullosos de las pequeñas cosas que realizamos todos los días y que nos parecen insignificantes: levantarnos a una hora determinada, acabar una tarea de clase, conseguir hacer sonreír a un amigo…
  5. La diversión, es la emoción que experimentamos cuando hacemos algo que nos gusta. Lo más característico de esta emoción es la sensación de que “el tiempo pasa volando”, similar a la experiencia de flow o fluidez. Para gestionar esta emoción tan sólo tenemos que planificar, en nuestra rutina, actividades placenteras: salir a caminar, tomar un helado, quedar con una amiga… Lo importante es ir variando las actividades porque si realizas siempre la misma se puede llegar al aburrimiento.

Otra cosa que es característica de las emociones positivas es que son de corta duración, por lo que suelen ser fugaces y no tienen mucho impacto en nuestra vida diaria. De nosotros depende aprender a vivir fijándonos en las pequeñas cosas buenas que nos suceden.

Espero que encuentren interesante el artículo, para cualquier duda dejo mi correo: al287477@uji.es

Ana López Ramos, estudiante de psicología (www.linkedin.com/in/ana-lópez-ramos)