Soledad no deseada: Definición e intervención Cognitivo-Conductual

La soledad no deseada está constantemente en las noticias. Podemos observar en El Mundo la noticias sobre los Trabajadores sociales de Atención Primaria que rescatan a los ancianos en soledad.

 

O la noticia en El País que equipara a la soledad con una epidemia.

 

A pesar de siempre estar relacionada con las personas mayores, la soledad puede afectar a cualquier persona. La soledad no deseada perjudica a la salud física y mental y por ello, la salud pública está empezando a invertir en las intervenciones psicológicas para combatir y prevenir dicho problema. Así que, a través de este artículo, daremos algunas claves para que los/las profesionales de Psicología puedan elaborar estrategias para intervenir en la soledad no deseada.

Antes de centrarnos en los componentes cognitivos-conductuales de los programas de soledad hay que abordar algunos aspectos esenciales para la comprensión de dichos programas. El primer aspecto y más relevante es la definición de soledad ya que muchas veces la tendencia es equiparar la soledad con el aislamiento social.

El aislamiento social se puede medir de manera objetiva calculando el contacto que una persona tiene con otras personas (amigos, familia, etc.) mientras que la soledad es medida de manera subjetiva respecto al sentimiento de sentirse solo/a aunque esté acompañado (Gené-Badia, Ruiz-Sánchez, Obiols-Masó, Oliveras Puig & Lagarda Jiménez, 2016). La soledad es una experiencia que surge entre las diferencias de las relaciones reales y de las expectativas de relaciones que deseaba o esperaba tener la persona (Lorente Martínez, 2017).

Así que se puede definir de manera resumida que el aislamiento social es la medida en la que una persona está sola mientras que la soledad es la medida en la que una persona se siente sola.

Es importante prevenir la soledad pues innúmeros estudios apuntan que los niveles de soledad son altos en las personas menores de 60 y mayores de 80 (Lorente Martínez, 2017). Así que, en las intervenciones, nuestra intención como psicólogos/as es la prevención de la soledad en las personas mayores de 60 años para que así, cuando lleguen a los 80 tengan herramientas conductuales y conocimientos suficientes para lidiar con la soledad desde el abordaje del envejecimiento activo.

Para que un programa de intervención se eficaz necesita cumplir 5 requisitos: (Lorente Martínez, 2017):

Tipos de intervenciones Psicosociales(entrenamiento cognitivo, actividades sociales y apoyo)
Base de la intervención Fundamentada teóricamente
Actividades propuestas Actividades para mantener o mejorar las relaciones sociales
Formato de la intervención Grupal o individual (ambos formatos son eficaces)
Clima de la intervención Participativo

Las intervenciones de tipo psicosociales han demostrado ser eficaces para el abordaje de la soledad debido a que la soledad se relaciona a factores de riesgo tales como: locus de control, sesgos cognitivos y sociabilidad. Lorente Martínez (2017) enfatiza que las personas que tienen un locus de control externo sienten que no controlan su soledad y, por lo tanto, tienen los niveles más altos en comparación con las personas que tienen un locus de control interno, y, el estilo atribucional así como el control percibido son tan importantes que se puede predecir la aparición de la soledad con 5 años de antelación a partir de las puntuaciones obtenidas. Por otro lado, Lorente Martínez (2017) explica que los sesgos cognitivos son los que mantienen las relaciones sociales inadecuadas pues provocan un comportamiento que dificulta la interacción social y que esta carencia de habilidades sociales conlleva a una baja participación social que a su vez influencia a las atribuciones causales de la soledad. Así que las intervenciones cognitivo-conductuales que se centren en cambiar pensamientos distorsionados y que empleen técnicas que ayuden a mejorar las relaciones sociales son las más adecuadas (Lorente Martínez, 2017).

Relacionado con lo anterior, un estudio realizado por el Observatorio de la Soledad a través de la Fundación Privada Amigos de los Mayores con el apoyo de la Diputación de Barcelona (Sala y Martínez, diciembre 2020) ha hallado que el miedo y el sentimiento de vulnerabilidad (ambos relacionados con el control percibido) se relacionan entre sí y predecían mayor nivel de soledad no deseada. Entre los miedos más comunes en los mayores durante la pandemia están: miedo de salir a la calle, miedo al contagio, miedo a la muerte, morir solo/a. En resumen, un 68% de las personas que tuvieron puntuaciones altas en miedo durante el confinamiento también tuvieron puntuaciones altas en vulnerabilidad.

Además, durante el estado de alarma un 41% afirma que su sentimiento de soledad ha aumentado durante el estado de alarma y las razones del aumento según los/las encuestados/as son: disminución, limitación o ausencia de contactos personales (43%), aumento de la soledad existencial que incluye el sentimiento de angustia, vacío, tristeza, desesperanza o desmotivación (21%), aislamiento físico (16%), miedo y preocupación por la pandemia (8%). Asimismo, cuando se adentra en sentimiento de nostalgia un 47,4% afirma que, durante el estado de alarma, han añorado salir y hacer las actividades en el vecindario (ir a comprar, ir al centro de mayores, ir al gimnasio, etc.) y el 52,6% simplemente añoraba salir a la calle sin relacionar con otra actividad. Referente a los contactos personales un 18% dice que añoró el contacto presencial y físico (abrazos, besos, dar la mano, etc.) y un 7,2% reclamó sobre la falta de autonomía y libertad (sendos términos relacionados con el control percibido) de decidir durante el estado de alarma, lo que conllevó a un mayor sentimiento de soledad (Sala y Martínez, diciembre 2020). Así que esta investigación tras el estado de alarma corrobora que el control percibido es un predictor de la soledad.

Otro punto importante a la hora de hacer una programación eficaz es tener en consideración que las personas mayores tienen que ser los protagonistas de la intervención y tener capacidad de decidir lo que desean hacer (Lorente Martínez, 2017).

Asimismo, en el Marco de Actuación para las Personas Mayores en España (MSSSI, 2015) se subraya la necesidad de combatir la soledad con intervenciones eficaces comprobadas empíricamente. Dicho abordaje es importante pues España se sitúa en uno de los países más longevos del mundo a la vez que las personas mayores exigen autonomía y desean vivir solas, aunque vivir solo se relaciona con mayor mortalidad y mayor soledad (Lorente Martínez, 2017).

Como hemos visto anteriormente, hay una demanda por parte de los políticos y de la salud pública para la creación de programas para prevenir la soledad no deseada. Entretanto, las 17 comunidades autónomas en España carecen de programas dirigidos a la prevención de problemas psicosociales y trastornos emocionales en la vejez, ya que, en general, atienden a demandas de ocio, formación, estimulación cognitiva y actividad física (Lorente Martínez, 2017).

Os dejo el enlace del manual del proyecto Hygge que he creado para la prevención de la soledad para los que queráis profundizar en las sesiones y utilizar en vuestras intervenciones.

Además, he grabado un video para AEPSIS explicando sobre el asunto.

Espero que os guste, un saludo.

 

 

Referencias:

  • Gené-Badia, J., Ruiz-Sánchez, M., Obiols-Masó, N., Oliveras Puig, L. & Lagarda Jiménez, E. (2016) Social isolation and loneliness: What can we do as Primary Care teams?. Revista Atención Primaria, 48 (9) 604-609.
  • Lorente Martínez, R. (2017) La Soledad en la Vejez: Análisis y evaluación de un programa de intervención en personas mayores que viven solas. [Tesis de Doctorado, Universidad Miguel Hernández].
  • Sala, E. y Martínez, R. (diciembre de 2020) Informe de resultados: El impacto de la COVID-19 en el sentimiento de soledad no deseada de las personas mayores. Observatorio de la soledad. Fundación Privada Amigos de los Mayores.